Reinier de Ridder: La reflexión tras la derrota
Pues resulta que Reinier de Ridder ha estado guardando silencio desde su primera derrota en el Octágono, pero por fin ha decidido compartir sus pensamientos. El holandés, que venía de un impresionante 4-1 desde su debut en la UFC el pasado noviembre, se enfrentó a una realidad dura en UFC Vancouver.
El momento de la verdad
La pelea contra Brendan Allen no salió como esperaba. Después de un primer round prometedor, el «Caballero Holandés» fue perdiendo fuelo poco a poco, hasta el punto de que su esquina decidió tirar la toalla tras el cuarto asalto. Su entrenador, Harun Ozkan, explicó que fue una decisión tomada para proteger la salud del luchador, algo que cualquiera puede entender cuando ves a un atleta con dificultades para volver a su esquina.
Las palabras del propio de Ridder
En sus redes sociales, de Ridder fue bastante honesto: «No fui el mejor luchador en la jaula el sábado y duele», escribió. Pero lo interesante es su perspectiva: «Junto a todos los locos momentos altos, también estoy agradecido de experimentar los bajos. Tanta gente pasa por la vida en un constante 6/10, pero como luchadores llegamos a experimentar todo el espectro de opciones».
La autocrítica y el aprendizaje
Aquí viene la parte más reveladora: el ex campeón de dos divisiones de ONE Championship admite que probablemente se excedió en el entrenamiento. «Si has compartido los tatamis conmigo, sabes que tiendo a trabajar más y más duro que cualquiera», confesó. «Pero en los últimos dos campamentos quizás me pasé un poco. Estaba tan concentrado en conseguir ese título y estar listo cuando llegara la oportunidad que fallé en escuchar a mi cuerpo«.
Un merecido descanso
La buena noticia es que de Ridder ha tomado una decisión sensata: «No me desviaré del camino, pero papá se toma un tiempo libre, chicos. No fui yo mismo, pero lo seré de nuevo. Si me conoces, sabes lo que busco».
Y la verdad es que se lo ha ganado. Piensa que desde su debut en noviembre de 2024, ha tenido cinco peleas en menos de un año. Cualquier cuerpo necesita un respiro después de ese ritmo infernal.



