La estrategia de Dustin Poirier contra Max Holloway
Bueno, resulta que Dustin Poirier tenía muy claro lo que no quería hacer cuando se enfrentó a Max Holloway en su pelea de retiro. La idea de quedarse ahí en el «pocket» intercambiando golpes con Holloway por más de diez segundos simplemente no le parecía buena. Y es que tenía buenas razones para pensarlo.
El gesto que lo cambió todo
Todo empezó con ese gesto tan característico de Holloway: señalar el suelo para invitar a su rival a una pelea sin cuartel. La primera vez que lo vimos fue con Justin Gaethje. Después de dominarlo durante cinco rounds completos, Holloway le hizo esa señal en los últimos segundos, lo invitó a intercambiar golpes de pie y… ¡bum! Lo noqueó justo antes de que sonara la campana en el UFC 300. Fue uno de esos momentos que quedan para la historia.
Así que cuando a Poirier (con un récord de 30-10) le tocó enfrentarse a Holloway en el UFC 318 el año pasado, ya sabía lo que se le venía encima. «The Diamond» estaba completamente consciente de que esa invitación iba a llegar en algún momento. Pero aquí viene lo interesante: su esposa Jolie incluso le había advertido específicamente. «Cuando señale el suelo, no caigas en la trampa», le dijo. Vamos, que tenía a todo el mundo avisándole.
La decisión en el octágono
«Sabía que iba a pasar», confesó Poirier recientemente en una entrevista con la UFC. «Pero cuando empezó a señalar el suelo, pensé: ‘Un momento, déjame mirar el reloj’. No quería aceptar el reto si quedaban 20 segundos. Tenía en la cabeza la imagen de Justin Gaethje tumbado boca abajo».
A pesar de las advertencias y de sus propios recelos, Poirier decidió aceptar el desafío. Después de todo, confiaba en sus habilidades para pelear en corta distancia. Pero tenía un plan muy específico: «Solo voy a intercambiar golpes durante 10 segundos», se dijo a sí mismo.
Lo curioso es que las cosas no salieron como esperaba. «Empezó a comerme vivo en el pocket, que es precisamente donde yo suelo hacer mi mejor trabajo», admitió Poirier. «Me estaba dando una paliza ahí. Así que no me quedó más remedio que agarrarlo en el clinch en los últimos segundos».
Al final, aunque tenía una estrategia clara y hasta un límite de tiempo autoimpuesto, la realidad dentro del octágono demostró que enfrentarse a Max Holloway en su propio juego nunca es sencillo. Incluso para alguien con la experiencia y calidad de Dustin Poirier.



