La polémica nariz de Dan Hooker
Pues resulta que Dan Hooker ha soltado una bomba: asegura que su nariz ya estaba rota antes de pisar el octágono para enfrentarse a Arman Tsarukyan. Según él, todo fue culpa de un cabezazo en el pesaje. Vamos a echar un vistazo a esta historia, que tiene más giros que una pelea de cinco rounds.
El incidente en el pesaje y la victoria de Tsarukyan
La cosa viene de lejos. Tsarukyan y Hooker se midieron en un combate de peso ligero en UFC Qatar el pasado noviembre. Pero el lío empezó antes, en el pesaje, donde Tsarukyan le dio un cabezazo a Hooker. Aun así, la pelea siguió adelante y Tsarukyan se llevó la victoria por sumisión en el segundo round, de manera bastante dominante.
Lo curioso es que Hooker, en «The Ariel Helwani Show», soltó la bomba con todas las letras. Dijo que le escanearon la nariz después del combate y le diagnosticaron una fractura. «Eso fue en el maldito pesaje, cuando ese tipo me dio el cabezazo y me rompió la nariz», afirmó, bastante cabreado. «Eso no tuvo absolutamente nada que ver con la pelea». Vamos, que según él, entró al octágono ya tocado.
La respuesta de Tsarukyan: fotos y escepticismo
Pero claro, Tsarukyan no se lo traga. Ni de lejos. Para demostrar su punto, el luchador subió a sus redes sociales dos fotos comparativas de Hooker: una antes y otra después de la pelea. En la de antes, la nariz parece estar bien; en la de después, se ve claramente desfigurada. Con un simple «Vamos, Dan» de caption, Tsarukyan dejó claro que no cree que el cabezazo del pesaje tuviera nada que ver.
¿Y ahora qué? Los planes de ambos luchadores
Mientras esta polémica sigue en el aire, cada uno sigue su camino. Tsarukyan, con un récord de 23-3, esperaba que esta victoria le diera un tiro al título, pero las cosas se torcieron cuando Justin Gaethje ganó el título interino de peso ligero la semana pasada. Por su parte, Hooker (24-13) ya tiene otra pelea encima: se enfrentará a Benoit St. Denis este sábado en UFC 325, en Sydney. Veremos si su nariz aguanta el tipo o si esto sigue dando que hablar.
En fin, una historia de esas que demuestran que, a veces, el drama fuera del octágono es tan intenso como el de dentro. ¿Quién tiene razón? Eso ya es otro cantar.



