Orlando Wiet: Un guerrero que dejó huella
Pues mira, la historia de Orlando Wiet es una de esas que te hace pensar en lo caprichoso que puede ser el destino. Este tipo, un kickboxer de renombre que se codeó con leyendas como Ramon Dekkers y Bas Rutten, solo consiguió una victoria en MMA… pero vaya victoria. A los 60 años, tras una larga enfermedad, nos dejó, pero su legado en el ring perdura.
El momento que lo cambió todo
La cosa es que Wiet, nacido en Suriname y entrenado en el duro estilo holandés, se presentó en el UFC 2 allá por 1994. Imagínate: el evento solo iba por su segunda edición, y ahí estaba él, representando al kickboxing en un mundo que apenas empezaba a descubrir las artes marciales mixtas. En Denver, frente a Robert Lucarelli, que le sacaba unos 70 libras, Wiet se las arregló para darle una paliza de aquellas. Patadas de fútbol, rodillazos, codazos devastadores… todo valía entonces, y él lo usó para poner el muay thai europeo en el mapa.
Lo curioso es que Lucarelli intentó llevarlo al suelo, pero Wiet, más pequeño y rápido, aguantó incluso una estrangulación rara y remontó. Al final, el equipo de Lucarelli tiró la toalla. Una victoria brutal, sí, pero que demostró que un buen striker podía brillar incluso en aquellos días salvajes del UFC.
Un camino lleno de altibajos
Después de eso, las cosas se complicaron. En cuartos de final se topó con Remco Pardoel, un judoka enorme que le sacaba 90 libras y lo tiró al suelo sin miramientos. Wiet no pudo escapar y perdió por golpes. Al año siguiente, en otro evento, cayó ante Todd Bjornethun con un triángulo tras cinco minutos de pelea.
Y ahí empezó una racha difícil. Tras una década dedicado al kickboxing, volvió a intentarlo en Europa, pero Mario Stapel, Paul Jenkins y Zoran Milovic lo sometieron uno tras otro. En fin, el récord en MMA quedó en 1-5, pero eso solo cuenta una parte de la historia.
Una carrera impresionante más allá del octágono
Porque, vamos a ver, Wiet era un monstruo en kickboxing y muay thai. Su récord ahí es un poco difuso —algunos dicen que llegó a 180 peleas—, pero cuando debutó en el UFC, el comentarista Rich Goins anunció que tenía 54-9 con 12 KOs y era campeón mundial de muay thai en 1993. «Dominó el mundo del thai boxing durante siete años, rápido como un rayo», decían. Además, boxeó en 23 ocasiones por Asia y Europa, con 11 victorias, 6 de ellas por paro.
El adiós de un luchador querido
La noticia de su muerte la dio Les Infos du Fight, y su amigo Gregory Tony, también kickboxer de élite, lo recordó con cariño. «Es muy triste, me duele mucho porque es una partida demasiado pronto», dijo Tony. «Nos dio su espíritu guerrero en el ring. Hizo cosas increíbles en el boxeo por todo el mundo, sin olvidar el UFC. Era alguien que daba mucho a los demás, como entrenador. Cuando Orlando peleaba, el público acudía en masa para ver a este boxeador formidable».
Tony también agradeció a Chayem Arezki, que cuidó de Wiet durante más de dos meses. Una despedida sentida para un tipo que, con solo una victoria en MMA, dejó una huella imborrable en el deporte de combate.



