Islam Makhachev y la emoción irrepetible de su primer título
Pues resulta que Islam Makhachev está convencido de algo: aquella sensación de ganar su primer cinturón en la UFC es algo que nunca podrá repetirse. Y no lo dice así por decir, tiene sus razones.
Incluso cuando su compañero y mentor, Khabib Nurmagomedov, reinaba en la división de peso ligero, Makhachev ya era un contendiente de élite. Tras la retirada de Khabib en 2020, el título quedó vacante y fue Charles Oliveira quien se lo llevó al año siguiente. Curiosamente, el padre de Khabib, Abdulmanap, ya había predicho que su alumno favorito, Makhachev, tomaría el relevo de su hijo. Y vaya si acertó.
El momento cumbre en UFC 280
La oportunidad llegó en el UFC 280 de 2022, cuando Makhachev se enfrentó a Oliveira por el título. Bueno, más que enfrentarse, lo dominó. En el segundo asalto, Makhachev aplicó un triángulo de brazo que obligó a Oliveira a rendirse. El plan de Abdulmanap se había cumplido al pie de la letra.
Makhachev recuerda que aquella noche lo puso todo sobre la mesa. El daguestaní no olvida la descarga emocional que sintió al notar la palmada de rendición de Oliveira. «Fue el momento en el que entendiste — bien hecho, se acabó», confesó. Años de trabajo, de hacer las cosas bien, culminaban en ese instante. Una emoción tan intensa que, según él, nunca antes había sentido y nunca volverá a sentir.
Un legado que crece, pero una sensación única
A partir de ahí, Makhachev no se durmió en los laureles. Defendió su título de peso ligero en cuatro ocasiones, estableciendo un récord en la división, antes de dar el salto al peso wélter el año pasado. Y ahí, en el UFC 322 de noviembre, dominó a Jack Della Maddalena para convertirse en campeón de dos divisiones.
Podrías pensar que ganar un segundo cinturón sería aún más emocionante, ¿verdad? Pues Makhachev revela que no fue así. «Cuando me convertí en doble campeón, no fue lo mismo», admitió. Por muy impresionante que sea ese logro, nada iguala la pureza y la intensidad de aquella primera coronación sobre Oliveira. En fin, a veces la primera vez es la que verdaderamente marca, y para Makhachev, ese sentimiento es, simplemente, irrepetible.



