Los shorts de la suerte de Khamzat Chimaev
Pues resulta que hasta los luchadores más temibles tienen sus talismanes personales. En el caso de Khamzat Chimaev, ese objeto especial era un simple par de shorts que le acompañó desde sus humildes comienzos hasta las puertas de la UFC.
La historia comienza en 2017, cuando su entrenador de grappling, Alan «Finfou» Nascimento, le dio sus propios shorts para el debut amateur contra Khaled Laallam. Con una condición curiosa: «Si ganas, te los quedas; si pierdes, me los devuelves». Chimaev, con esa confianza que le caracteriza, respondió sin dudar: «Entrenador, nunca voy a perder».
Lo interesante es lo que hizo después. En lugar de ponérselos directamente, Chimaev los lavó con jabón en el vestuario, los secó y luego cosió un parche con el logo de su entrenador. Detalles que hablan de un ritual personal, ¿no crees?
De la promesa al profesional
La apuesta de Finfou salió bien. Chimaev sometió a su oponente en el primer asalto con un estrangulamiento brabo, demostrando desde el principio ese talento bruto que todos conocemos hoy. Esos shorts se convirtieron en su uniforme de batalla para cada pelea amateur, y luego para sus primeros combates como profesional.
«Borz» los usó religiosamente hasta su enfrentamiento con Ikram Aliskerov. Después vino ese parón de nueve meses durante la pandemia, cuando parecía que su carrera se estancaba. Hasta que un día, de repente, todo cambió.
El adiós a un símbolo
Su manager llegó al gimnasio después de un entrenamiento con noticias que cambiarían todo: «Firma aquí… Vas a Fight Island, vas a la UFC». La oportunidad soñada, pero con una condición que nadie había anticipado.
La UFC no permite que los luchadores usen equipación personal, así que esos shorts que habían sido testigos de cada victoria, que llevaban el parche de su mentor, tuvieron que quedarse en el armario. Imagina la mezcla de emociones: la euforia por llegar a la élite, pero la nostalgia por dejar atrás ese símbolo de tus raíces.
Finfou lo recuerda con cariño: «Cada pelea me pedía mis shorts hasta el combate con Aliskerov. Después, ya no pudo usarlos más». Una pequeña historia humana detrás del monstruo que vemos en el octágono, ¿verdad?



