La retirada perfecta de Michael Chiesa en el MMA
Pues resulta que Michael Chiesa tuvo un final de carrera de cuento de hadas. El luchador, conocido como «The Maverick», decidió colgar los guantes justo cuando estaba en su mejor momento, y la verdad es que pocos pueden decir lo mismo.
Chiesa (20-7) se enfrentó a Niko Price (16-11) en su última pelea en el octágono, durante el UFC Seattle del pasado sábado. Y vaya manera de despedirse: derribó a Price, le aplicó una llave de espalda desnuda y consiguió la sumisión en poco más de un minuto. Con 38 años, el veterano se retira con una racha de cuatro victorias consecutivas, tres de ellas por finalización. No está nada mal, ¿eh?
Un adiós a tiempo y con respeto
En una entrevista posterior al combate, Chiesa dejó claro por qué tomó esta decisión: «Quiero retirarme sintiendo que todavía puedo ganar peleas», confesó. «No quiero terminar con la cara en el barro… Tengo demasiado respeto por este deporte como para quedarme y acabar dejando que me supere. Así que voy a ser yo quien se lleve lo mejor. Me voy en mis términos y me alejo del MMA como competidor. Pero seguiré siendo parte de este deporte el resto de mi vida».
Vamos, que el tipo prefiere irse por la puerta grande, con la cabeza bien alta. Y la verdad, es una postura que merece todo el respeto.
El futuro tras los guantes: la cabina de comentarista
Resulta que una gran parte de la carrera post-retiro de Chiesa probablemente se desarrollará en la cabina de comentarista de la UFC. El luchador reveló que fue el veterano comentarista Jon Anik quien primero le plantó la idea en la cabeza durante «The Ultimate Fighter 15», temporada que «The Maverick» ganó justo días después del fallecimiento de su padre en 2012.
«Jon Anik plantó la semilla cuando estaba en ‘The Ultimate Fighter'», recordó Chiesa. «Pensó que debería dedicarme a la radiodifusión. Yo no veía lo que él veía. Creo que fue simplemente por cómo me manejaba ante el micrófono. Él es el tipo que plantó la semilla de que debería esforzarme para entrar en el mundo de la locución».
Así que, en resumen, aunque dejemos de ver a Chiesa en el octágono, no desaparecerá de nuestro radar. Seguiremos escuchando su voz y su perspectiva, ahora desde el otro lado de las cámaras. Un cambio de capítulo, pero sin duda una continuación de su pasión por el deporte.



